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Los desafíos de viajar con TDAH adulto

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad ha definido mis viajes (y este blog) desde mucho antes de saber que lo tenía.

La semana pasada decidí que quería viajar a Canadá.

Tardé menos de una en hora pasar del «¿Cuánto costará un vuelo Madrid-Toronto?» a recibir el correo electrónico de confirmación de mis billetes de avión.

Y no es la primera vez que me pasa. Los viajes impulsivos han marcado mi experiencia viajera desde siempre. Llevo años dejándome llevar de forma impetuosa por mis impulsos y embarcándome en viajes en solitario a Tailandiaaventuras de último minuto en Japón y delirios de nómada digital en Oceanía.

Lo que desconocía por ese entonces es que el motor detrás de estas ideas descabelladas, además de mi amor por los viajes, era mi neurodiversidad.

Adelantemos el reloj al 2019. Unos meses antes de la pandemia aprendí algo que de repente hizo que toda mi vida tuviera sentido: me diagnosticaron trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

A los 33 años, este diagnóstico fue una epifanía. Toda una vida de rarezas y caos que no podía controlar, de hiperactividad física y mental, descuidos constantes, desorganización crónica y comportamiento impulsivo de repente tenía una explicación.

El TDAH es un trastorno crónico que afecta el desarrollo y funcionamiento de las funciones ejecutivas del cerebro. Es decir, de las regiones que se utilizan para priorizar, integrar y manejar las otras funciones… Sus principales síntomas son inatención, hiperactividad y comportamiento impulsivo.

Aunque se suele detectar durante la infancia, cada vez es más común su diagnóstico en personas adultas. Pero no todo son malas noticias, el TDAH también puede traer consigo varias ventajas, entre ellas la capacidad de pensar de forma más creativa y encontrar nuevas formas de abordar un problema en las que otros no habían pensado.

Nadie sabe exactamente qué causa el TDAH, pero algunos investigadores apuntan a una diferencia en los receptores de dopamina como posible contribuyente. La dopamina nos permite regular nuestras emociones y es responsable de las sensaciones de placer y recompensa.

Para motivar a estos cerebros hace falta que un evento o estimulación desencadene una liberación de dopamina. Los mayores desencadenantes de este neurotransmisor en un cerebro con TDAH son: interés, desafío, novedad, urgencia y pasión por lo que están haciendo.

No todo el mundo está de acuerdo, pero yo soy de los que ven el TDAH como una diferencia cognitiva dentro del paraguas de la neurodivergencia y no necesariamente como un trastorno.

De hecho, creo que si fuese neurotípico no tendría este blog… o lo tendría, pero sería bastante más aburrido.

Prácticamente todos los consejos para viajar que puedes encontrar en la blogosfera están escritos para cerebros neurotípicos, por lo que tuve que aprender a hacer todo desde cero de una forma en la que funcionase para mí incluso antes de saber que lo mío tenía nombre.

Por eso, hoy he venido a hablar de los desafíos únicos de viajar con TDAH.

Algo que me gustaría dejar claro es que no soy psicólogo ni psiquiatra y que esto está escrito a modo informativo y de catarsis desde el punto de vista de un viajero con TDAH, con información y consejos resultantes de mi experiencia personal, mis investigaciones y mi opinión. Si tienes cualquier duda médica no dudes en consultar con tu profesional de salud. Más abajo encontrarás un listado de recursos sobre el TDAH.


¿Cuáles son los retos de viajar con TDAH adulto?

A las personas con TDAH nos encanta la novedad y hay pocas cosas más novedosas que ir a un lugar desconocido. Pero sin importar la emoción que nos pueda producir el viajar a un destino nuevo, llegar hasta allí puede ser una tarea difícil para nosotros.

Viajar, específicamente planificar un viaje, requiere de mucha organización y atención a los detalles, dos funciones controladas precisamente por las regiones del cerebro a las que afecta el TDAH.

Por ejemplo, tengo un amigo (llamémoslo «El Chicharrones«) que no una, ni dos, ni tres veces ha reservado billetes de avión para fechas e incluso ciudades equivocadas. En el caso menos grave tuvo que estar horas al teléfono con el… ejem… maravilloso servicio de atención al cliente de Avianca para cambiarlo, pero en varias ocasiones ha perdido el dinero.

Y no quiero decir que estas cosas no les ocurran a las personas neurotípicas, todo el mundo tiene descuidos ocasionales. Pero para un cerebro con TDAH, estos pequeños errores son casi la norma.

Teniendo en cuenta que reservar vuelos y hoteles es una parte fundamental de mi trabajo, he tenido que adaptar la forma en la que compro viajes online para evitar deslices engorrosos y caros. En cada paso de la compra, pero sobre todo antes de darle al botón de confirmar, repito en voz alta los detalles del viaje (fechas, horarios, destino y nombres) para asegurarme de que todo está correcto.

Pero planificar un viaje es mucho más que reservar billetes y la impulsividad que me ha empujado a comprar viajes también se hace sentir en las compras previas a salir. Algunos ejemplos de pequeños chutes de dopamina patrocinados por Amazon sin los que podría haber sobrevivido perfectamente incluyen una cámara GoPro que usé un par de veces, varias mochilas y maletas, infinidad de botiquines y neceseres, altavoces, auriculares, tablets y mil cacharros más.

Poca gente se detiene a pensar en la cantidad de funciones ejecutivas que se requieren para preparar un viaje de principio a fin. Por ejemplo: hacer la maleta.

Mi sistema particular a la hora de hacer las maletas consiste en llevar más cosas de las que necesito y a la vez siempre olvidar algo importante, documentos, cargadores, medicamentos, cepillos de dientes…

Por ejemplo, hace unos años viajé a Dubái en agosto con una mochila repleta de ropa, incluyendo una chaqueta, porque las palabras «Dubái» y «agosto» no significan nada para mí. También llevé el botiquín de viaje más completo jamás visto (con antidiarreicos, antihistamínicos y tiritas de colores), y accesorios fotográficos de todo tipo. Cuando por fin llegué al mostrador de facturación en El Prat me di cuenta que no llevaba el pasaporte.

A veces no se trata de no meter algo que necesitas en la maleta, sino del encanto de olvidarlo por el camino, como la vez que me dejé la cámara en el avión al llegar a Ámsterdam y no me di cuenta hasta llegar a la Estación Central, o la vez que olvidé el pasaporte en el autobús del aeropuerto de Melbourne y tuve que correr al consulado al día siguiente para intentar sacar uno de emergencia.

Y luego están, por supuesto, los problemas de organización una vez estás instalado en el destino. Desde levantarnos a tiempo hasta recordar que teníamos un tour contratado o una reserva en un restaurante, todas las tareas que dependan de un mínimo de coordinación pueden ser un desafío insalvable para nuestro cerebro.

Nuestra búsqueda eterna de dopamina, impulsividad y mala capacidad organizativa pueden llevarnos a querer hacer cosas que van en contra de las leyes del tiempo y el espacio, como reservar una visita guiada de dos horas a las 6 de la tarde y una cena (en la otra punta de la ciudad) a las 8.

Todos estamos de acuerdo en que un presupuesto de viaje no es otra cosa que un plan de gastos que se hace, en mi caso con un optimismo casi iluso, para saber cuánto dinero es posible gastar mientras estás de vacaciones. Pero, ¿qué pasa cuando la capacidad de seguir cualquier tipo de plan está dañada de fábrica? ¿Qué pasa cuando la impulsividad impera? ¿Qué pasa cuando hay una necesidad de dopamina instantánea? La respuesta es obvia, viajar con TDAH es un reto para la economía, especialmente para los que nos gusta viajar en solitario. A veces necesitamos una voz razonable que nos diga «a lo mejor NO necesitas comprar esa chaqueta de marca solamente porque estás en París».

Y por último está el tema de la medicación. Aunque parezca contraproducente al principio, el TDAH se trata principalmente con drogas estimulantes. Este tipo de medicamentos está fuertemente regulado (e incluso prohibido) en algunos países y, dependiendo de donde vayas, no puedes llevarlo contigo o necesitas llevar la receta correspondiente traducida.


Conclusión

El TDAH no se toma vacaciones y las personas neurodivergentes nos enfrentamos a muchos retos invisibles a la hora de viajar.

Pero como decía más arriba, no todo son desventajas cuando eres un viajero con TDAH. Estudios recientes indican que las personas con trastorno por déficit de atención con hiperactividad suelen ser más creativas y curiosas que las personas neurotípicas, y esta creatividad, que incluye la resolución de problemas, puede jugar a nuestro favor en muchas situaciones.

Me gustaría saber qué opinas tú. ¿Tienes alguna experiencia para compartir en torno a los viajes y la neurodiversidad? Házmelo saber en los comentarios o envía tu historia.

Fuente: https://xixerone.com/los-desafios-de-viajar-con-tdah-adulto.html

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